Fascismo puro y duro

17/Jul/2014

La República, Egon Friedler

Fascismo puro y duro

En un discurso
transmitido por la televisión de Gaza Hanyeh dijo: “La mejor forma que tenemos
de celebrar el cumpleaños del Profeta es seguir por su ruta y dar a las futuras
generaciones una educación jihadista. Seguiremos por su camino educando a las
futuras generaciones a amar a la muerte por la causa de Alá así como nuestros
enemigos aman la vida”.
¿Era inevitable esa
hostilidad? ¿No había una forma de convivencia posible? ¿El camino del odio y
la muerte era el único posible?
De ninguna manera. En el
año 2005 se produjo un cambio totalmente inesperado en la política israelí.
Ariel Sharón, el gran “ogro” de la política israelí, según la propaganda árabe,
de repente se transformó en liberal y decidió desalojar unilateralmente la
Franja de Gaza. En un muy democrático y ajustado referéndum la mayoría de la
población israelí dio su aval a este audaz paso pacifista.
Los izquierdistas
bien-pensantes y los liberales de buena voluntad del mundo entero celebramos
esta iniciativa con júbilo. Para dar aún mayores incentivos para un futuro
próspero de los palestinos y para una paz entre las partes, millonarios
norteamericanos compraron los viñedos de exportación de los colonos israelíes
que fueron desalojados de sus hogares en la Franja de Gaza, para dárselos
intactos a los palestinos. ¿Qué hicieron los palestinos con estos regalos? Los
destruyeron por completo.
Lamentablemente quienes
nos equivocamos fuimos los que creímos que el gesto israelí iba a ser
correspondido y que la entrega incondicional de la Franja de Gaza a los
palestinos podía señalar un camino a la paz y el entendimiento. Cuando el Hamas
tomó el poder en Gaza luego de una breve pero cruel guerra civil contra Al
Fatah, su programa era claro. ¡Nada de paz ni de negociaciones! ¡Muerte a
Israel!
El mayor especialista en
el Islam en el mundo, el historiador británico Bernard Lewis, autor de 30
libros, ha señalado en una de sus lúcidas conferencias en “Youtube” que uno de
los grandes errores que solemos cometer en Occidente es creer que nuestra
lógica cartesiana es compartida por personas de otras culturas. Por ejemplo, el
creer que una política de generosidad y reconciliación sería retribuida por una
actitud similar por parte de islamistas radicales. Todo lo contrario. Son muy
duros negociadores pero cuando finalmente obtienen las concesiones esperadas,
muy lejos de valorarlas, las consideran una muestra de debilidad del
adversario.
En su visión del mundo,
el Islam debe prevalecer siempre. El infiel es un ser inferior, y engañarlo
según la “taqquía” la tradición de “disimulo” es una virtud islámica. Eso
significa, por ejemplo, guiarse por las pautas humanistas occidentales para la
propaganda y por una cruel conducta bélica en la práctica. Un ejemplo típico es
la protesta indignada de Hamas contra las “matanzas israelíes” junto con el uso
cínico de los civiles palestinos como escudos humanos. Cada muerto palestino
es, en la estrategia de Hamas, una espléndida victoria propagandística.
Según Lewis, todos los
grupos radicales islamistas, pese a sus diferencias teológicas, ideológicas o
tácticas, tienen un objetivo común: la dominación del Islam en el mundo. Desde
su punto de vista, la destrucción del mundo infiel comenzó con la derrota
soviética en Afganistán en 1989. Al derrotar al imperio comunista, para ellos
el más duro de los dos imperios occidentales, el Islam obtuvo una gran
victoria. El más blando imperio occidental dirigido por los Estados Unidos es
más fácil de derrotar.
Como primer paso hay que
destruir al Estado judío que está asentado sobre tierras que alguna vez
pertenecieron al Islam, del mismo modo que es necesario reconquistar España.
Luego vendrá el resto del mundo.
Los ingenuos occidentales
de derecha o de izquierda que por oportunismo, ignorancia o antisemitismo se
pliegan con entusiasmo a la demonización de Israel y aplauden los ataques de
Hamas, cometen el mismo error de Chamberlain y el bando del apaciguamiento en
vísperas de la Segunda Guerra Mundial: creer en la ilusión de que es posible
negociar racionalmente con el fascismo islámico y, para ablandarlo, nada mejor
que demostrarle “comprensión”. Con el fascismo duro y puro no es posible
negociar racionalmente. Hay solo dos opciones: destruirlo o ser destruido por
él.